jueves, 5 de noviembre de 2009

Ética y magia a través del cine


¿Existen las hadas? Naturalmente que sí, toda vez que haya alguien dispuesto a creer en ellas. Como lo sugiere el bello comienzo de Finding Neverland, de Marc Forster, nada trascendente sería posible sin esa cuota de fantasía e ilusión. En la experiencia analítica, esa ilusión sostiene un supuesto saber que propicia la transferencia, y de la que el analista sabrá prescindir en pos de la verdad. La imaginación creadora, el acontecimiento político, el acto ético, la invención amorosa, suman ahora otro escenario para el asombro: el pase mágico. No en su versión de superchería y engaño, sino como una de las bellas artes, la magia es la ocasión de una nueva empresa de pensamiento.
Empresa curiosa ya que pocas veces la magia ha establecido una interlocución con la academia. Ética y Magia a través del cine. El acto de prestidigitación y el acontecimiento clínico es un intento de sortear esa brecha. A lo largo de la historia, los practicantes del arte del misterio han estado ligados a lo religioso o simplemente a lo sobrenatural. Pero también la magia fue medio de subsistencia y expresión de los desposeídos. Saltimbanquis, vendedores de elixires, estafadores callejeros, monstruosidades de feria encontraron en la ilusión y el encantamiento un modo de ofrecer algo a cambio de lo que tomaban furtivamente. Y aun con esa permeabilidad social y creativa, la magia, un arte mucho más antiguo y desarrollado que la mayoría de sus hermanas hoy vigentes, rara vez se encontró con el saber formal para constituirse en su objeto de estudio.
Entendida en términos de obra de arte, y diferenciada de la superchería, la magia –en su intersección con la lógica, la matemática, la topología, la psicología, el psicoanálisis– permite pensar desde ángulos inéditos el campo de la subjetividad.
En la primera parte, El efecto mágico y la experiencia subjetiva, magos, psicoanalistas y psicólogos analizan la profunda tradición de la magia y su impacto en el terreno de la subjetividad. El mago y el espectador, el acto creador y la experiencia del asombro, son ocasiones para una estimulante reflexión. Para el psicoanálisis, las perspectivas de abordaje son múltiples, y en las páginas de este libro se encontrarán ideas que buscan inspirar nuevas reflexiones.
La segunda parte, Ilusionismo y acontecimiento clínico. Ilustraciones cinematográficas, recorre diversos escenarios en los que el acto de magia propicia la ocasión de una reflexión ética. Desde las primeras performances captadas por una cámara y los aportes a la psicología de la magia, pasando por el papel de la magia en el desbaratamiento de artilugios de estafadores y embaucadores, hasta el planteamiento del pase mágico como metáfora del acontecimiento clínico, los trabajos incluidos son variados en tema y en estilo.
La tercera parte, Los magos en el cine, está integrada por textos breves cuya redacción fue promovida por una pregunta dirigida a magos célebres: “¿Cuál fue el film que más lo inspiró en su relación con la magia?”. Los artículos recorren la perspectiva histórica de la magia ilusionista desde los orígenes del cine, así como también los avatares subjetivos del mago como espectador cinematográfico.
Este libro abre y cierra con variaciones mágicas que juegan con la ilusión, como el personaje del bombín que evoca a René Magritte quien, durante los veranos de su infancia solía jugar con una niña en el cementerio, explorando las criptas sombrías. Según su propio relato, a la salida de una de esas incursiones, la imagen de un pintor en la vecina alameda le sugirió la idea de la pintura como un elemento mágico, cargado con el poder de una revelación. El torbellino de llaves propone una elección, pero el propio sujeto no conoce la clave que se abre a sus espaldas. Será la mirada del lector la que aporte ese ojo de la cerradura por donde abismarnos a su secreto.
Juan Jorge Michel Fariña

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